Sueño cumplido para muchos. La mente y la memoria por una horas se trasladó hasta los años 90's, la década de la generación X. Y uno de sus estandartes fue sin duda Oasis. La banda de los hermanos Gallagher nos ofreció un concierto lleno de nostalgia el pasado 30 de abríl, ante un abarrotado estadio Nacional, que albergó esa noche a más de 40 mil personas.
Todo comenzó con los nacionales de Turbopótamos, que cumplieron con su media hora de presentación, con su mezcla de rockabilly, ska y algo de punk. Tocaron para sorpresa de muchos la versión de Anarchy in the UK de los Pistols. Empero, muchos asistentes coincidieron que otro grupo debió telonear a los ingleses, quizás por el estilos. Space Bee, Emergency Blanket o hasta Líbido, pues el propio Salím Vera contó que los llamaron primero, pero que no les ofrecían un sonido adecuado, por lo que desistieron en tocar.
Las nueve de la noche, y las luces se apagan. La gente comienza a avanzar, otros a tomar un buen lugar, mientras que los kioskos de cerveza apuran la venta. Primer tema, Fuckin’ in the Bushes, de su última placa Dig your soul. El loquerío era evidente. Para muchos era un sueño tener a tamaña banda en nuestro país.
Rock and roll star fue el segundo tema y muchos comenzaron a corear las canciones, para luego ir con The Shock of the Lightning, Cigarettes & Alcohol, The Meaning of Soul, y To be Where There’s Life, entre otros, dejándo atónitos a un público entregado y que mereció la antención de Noel Gallagher. "Esta es la mejor ciudad que hemos ido en años", dijo, recibiendo más de un merecido aplauso.
Para la segunda parte vendría lo mejor. La archi conocida Wonderwall hizo cantar a todo el estadio. Luego siguió uno de mi favoritos, Supersonic, de su primer disco. Y la versión que hizo Noel de Don't look back in anger fue sensacional, a manera de desenchufada y que el propio Gallagher supo agradecer.
Las tres últimas fueron el corolario de una gran noche. Falling Down, Champagne Supernova, otra de mi preferidas, para finalizar con el cover de sus paisanos, los Beatles, Iam the Walrus, suficiente para la noche. Claro muchas canciones quedaron en el tintero como Live Forever, pero nada es perfecto. Lo que si sorprendió fue que el impredecible Liam se bajara del escenario y saludara al público. Es que la conexión fue inmediata y todas la disfrutamos. Ah, y también regaló un par de panderetas, gesto que no está acostumbrado a hacer. Pero así paso y los disfrutamos de principio a fin.


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